Sentada bajo la sombra de su árbol, apoyada en su fiel tronco, acariciaba las hojas tristes que caían de él y yendo al compás del viento.
Oscurece, nuestra pequeña mujercita se quedado dormida, con un cuchillo en la mano, cuyas hojas brillaban con la luz de la luna.
Un susurro de entre las sombras la despierta con cuidado y sutileza. Abre poco a poco los ojos, empieza a ver nítidamente. Delante de ella, como si de un animal salvaje se tratara, se hallaba un hombre alado. Un intento de frito que acaba en vacío, llega a cortar el viento.
Coge el cuchillo y apuñala al ángel, éste sonríe y ríe como un loco; le muestra los dientes como si fuese un cazador antes de matar a su presa.
La niña llora, llora tanto... Su ira sale de su puñal. Se detiene, mira al ángel destrozado, cortado, desgarrado. Las alas del ángel se despegan y se posan en la espalda de la niña, con la misma delicadeza que una mariposa.
Ésta intenta atravesarse con el puñal y se derrite antes de que pueda llegar a su corazón.
Muerta y viva se encontraba la pequeña.
El mayor castigo, convertirse en ángel, ser amado y temido por todos.
Su rostro mostraba total frialdad, era horrible, como un monstruo, o al menos ella se sentía así. Mientras otros la admiraban y la veían hermosa...
Tonta... tus alas encierran odio, destrucción, caos, muerte. Son tu mayor fortaleza, la mejor arma para demostrar tu belleza, pero a la vez tan devastadoras...