¿Qué haces aquí? ¿Por qué no me dejas en paz? Madre mía, siempre lo complicamos todo con nuestras pequeñas buenas acciones. Simplemente las hacemos para sentirnos bien con nosotros mismos y no por el hecho de hacer feliz al otro. Somos egoístas hasta en lo que nos podríamos sentir orgullosos.
Sinceramente, prefiero no dejar huella en nadie, ni pisar fuerte, ni que se giren para mirarme. Nada de eso; busco gustarme, y caminar de puntillas para que todos me dejéis en paz.
Quizás no busque la soledad pero sí la tranquilidad. No quiero ordenar mi caos, estoy bien así; acurrucada en un algún rincón de ninguna parte, escondida entre un montón de nada para que nadie me encuentre.
Qué bien se está.
De repente alguien llama como si le estuviesen matando y necesitase mi protección. Con sigilo y la puerta medio abierta le recibo. No enciendo la luz, tengo miedo de lo que puede pensar cuando me vea. Utilizo un nivel de voz suave, bajito, tranquilo pero a la vez me siento agobiada, ¿qué hace éste aquí? No he invitado a nadie, no esperaba a nadie, no quiero a nadie.
Pero... ¿por qué no le quiero aquí, a mi lado, cerca, muy cerca, tan cerca que casi puede descifrar mi horrible silueta? Será por eso, miedo a que sepa lo que soy, lo escondo, lo que no quiero que nadie vea, la bestia que todos guardamos y que algunos esconden, encierran o matan. Para mi desgracia yo soy mi propia bestia.
Bienvenido al camino que no te llevará a ninguna parte. Suerte si deseas seguir leyendo.